dilluns, 5 de març de 2012

Siguiendo los rastros de la religion ortodoxa etiope, hasta la frontera con Sudan, febrero y marzo del 2012


Hola a todos desde las tierras etíopes!!
...y así es como hemos decidimos tomar unas vacaciones de la fragon.
La dejamos aparcadita en el Terara Hotel de Góndar y emprendimos nuestra aventura alternativa hacia las tierras norteñas etiopes, el Tigray. Se trataba de dejar atrás por unos días los problemas mecánicos.  Durante las semanas futuras no habría más pinchazos, o al menos no ruedas que yo tuviera que cambiar, ni problemas mecánicos en los tener que romperse los cuernos.
Esta parte del viaje la hacemos con Martín, que como que tiene algunos problemas también con la moto no quiere arriesgarse, y se viene con nosotros a buscarse la vida. Marco, el otro alemán, en cambio hará la misma ruta pero con su moto y ya veremos en que lugares del camino nos iremos encontrando.
  
 Nuestras preocupaciones estos días serán de otro tipo, tales como buscar transporte y alojamiento, pelear continuamente por los precios y encontrar  la manera de evitar alimentarnos de injera durante todo el día, la comida nacional, que es una masa plana y amenudo agria, en forma de pizza (que creo resulta de un proceso del cereal Tef y su fementación) que se come con diferentes granos, carnes o vegetales. Ya se que suena bien. Pero después de una par de semanas comiendo injera, a nosotros se nos quitan el apetito solo de pensar en el menú. Además coinciden estas fechas con la cuaresma etiope, por lo que desaparecen de la mayoria de lugares de comida, carnes, huevos, y lácteos. Se acabaron los cafes con leche! Aquí los ortodoxos más creyentes, durante estos 60 dias, ayunaran hasta las 12 del medio día.
Nuestra primera parada, en el feucho pueblo de Debark, fue para organizar una caminata de cinco días por las Simiens Mountains. Aquí te obligan a llevar un scout, que debe proteger al turista. Después de investigar y preguntar cuales eran los riesgos reales en las montañas para los que había que ir acompañado,  nunca conseguimos respuesta clara, y por lo tanto no nos quedó más remedio que aceptar a nuestro protector. Nuestro scout era un tipo local, armado con un fusil y un par de balas, un bolsa de grano tostado y sin una triste botella de agua. Por supuesto no hablaba palabra de inglés y más que una protección acabó siendo un dolor de cabeza. Más que protegernos se pasó el día con multiples paranoias, tanto si te sentabas demasiado cerca de un acantilado, como si cogías un pequeño atajo o plantábamos las tiendas demasiado lejos una de la otra.
 
Este famoso techo de África son montañas en las que no sobresalen picos, es más bien una planicie entre los 3700 y los 4500 metros con enormes  acantilados que caen al vacio unos cuantos cientos de metros hacia pequeñas aldeas y tierras fértiles, y desde las que se dominan vistas espectaculares de las tierras bajas, con formas rocosas fotogénicas entre siluetas y sombras. Abunda la vida animal, sobre todo el mono gelada, un tipo de baboon de montaña que se pasan el día sacándose los piojos los unos a los otros y comiendo raices y hierbas, mientras que en la noche se refugian en las paredes rocosas buscando el refugio del abismo. Los pequeños no paran de jugar sin miedo al borde de los acantilados,  parecen juegos dignos solo de aquellos que puedan volar.
 
Muy sociales y habiendo perdido el miedo a las personas, uno puede sentarse a observarlos durante horas, y si se es paciente hasta más de uno te pasa por encima ausente en su busqueda de comida.
Vimos un lobo y varias cabras autóctonas, además de disfrutar durante horas del vuelo de diferentes especies de pájaros. Si al principio estábamos decepcionados por no encontrar picos y montañas que escalar, al final estabamos anodadados por la belleza y el equilibrio entre la fauna y el paisaje. Subiendo uno de los puntos más altos de Cheneek vimos como un zorro intentaba cazar un mono gelada, y en un momento en que estábamos sentados disfrutando del paisaje, un águila enorme se posó en nuestro árbol vecino a no más de dos metros de distancia.
 
Al bajar de las Simiens intentamos conseguir un transporte al norte, y empezamos a oler de cerca lo difícil de viajar en transporte público. A fuerza de logística y propinas, al siguiente día conseguimos subir a un destartalado autobús. Al salir de Debark rápidamente descendimos hacia las tierras bajas de las Simiens  y mientras medio autobús rezaba para que no fallaran los frenos, el otro medio utilizaba sus teléfonos móviles para hacer fotos de tan espectacular paisaje. Después de nueve horas de polvo y sacudidas llegabamos a Shira, donde nos metieron en un pequeño minubus hacia Aksum,   encontrándonos con Marco de nuevo.
 
La leyenda local dice que Aksum fue la capital  de la Reina de Saba en el s. X  a.C. Los arqueólogos aseguran que la civilización no llegó a  estas tierras hasta hasta el s. IV a.C.. Lo que si es cierto es que quinientos años más tarde  Aksum y  el imperio aksumita era conocido  en Grecia, y durante mil años fue un punto estratégico de comercio entre Asia y África.
 
En Aksum, en la iglesia de Sta María de Zión, para quien lo crea, se encuentra el Arca de la Alianza. Sí, la misma, el arca  donde las tablas con los diez Mandamientos son guardados desde que Dios se los entregó a Moises en el Monte Sinaí. Para los que os interese, según la historia etíopie, el Arca fue robada al Rey Salomón  por su propio hijo Menelik (y cuya madre era Saba) y traida a Etiopia, considerándose desde entonces el pueblo elegido y guardián de tan ambicioso secreto. El arca ha estado escondiéndose durante miles de años, y cambiado contínuamente de lugar durante las diferentes guerras. Nadie puede ver el arca, y hay incluso un guardián que se pasa su vida entera vigilándola. Se dice que quien intenta verla arde en fuego.

  
Nosotros pudimos verla a una distancia prudente, y sin arder en llamas, en uno de los siete primeros días que cada mes etiope, una procesión saca a pasear el Arca, a las 5 de la mañana. La ceremonia dura un  par de horas entre la procesión y la misa. La escena se rodea de cientos de creyentes ortodoxos con mantos blancos y velas que ponen la piel de gallina con sus oraciones y cantos con ecos. Y por un momento yo digo, imaginaros que el arca  estuviera ahí, imaginaros que lo creyerais de verdad!!! Observar esa procesión mirando al arca con los mismos ojos con los que lo miran los seguidores eriza los pelos.

Después de un par de días en Aksum buscando mausoleos de viejos reyes aksumitas,  rocas con inscripciones antiguas y un supuesto castillo donde se dice que vivió la Reina de Saba, salimos hacia Adigrat en busca de uno de los monasterios ortodoxos más antiguos de Etiopia, el Debre Damo.
 
Después de pequeñas peripecias llegamos al monasterio. Entre las peripecias estaba el conseguir un transporte que nos acercara los diez quilómetros de pista que llevan al monasterio, (cosa que conseguimos enganchando al único turista con medio a motor que se movia ese día por la ruta) y la otra evitar  las piedras que caian del cielo saliendo disparadas de la mano de algún niño al que le han educado a odiar a los farenjis (cosas o bien de su rencor hacia italianos durante la invasión de Musolini, o bien por el orgullo de no haber sido colonizados en toda sus historia por los blancos. Aun estoy deduciendo la teoria).
El monasterio se encuentra en la cima de una meseta rocosa a unos 15 km de la frontera con Eritrea. Al ir acercándonos sorteamos pequeños campos militares con lanzamisiles y controles en la carretera. Nos comentan que hace poco días  hubo disparos en esta frontera. Por lo que se escucha las cosas entre los dos gobiernos no están en su mejor momento. Definitivamente, un lugar un tanto extraño para visitar un monasterio.
Sofia no puede entrar en el monasterio porque solo esta permitida la entrada a los hombres. Unos 20 metros con una vieja cuerda hecha de cuero de cabra es lo que separan el suelo firme y la entrada de la estancia de los monjes. Tambien nos separan 100 birrs, unos 5 euros, que no tardan mucho en reclamar y como de costumbre en este pais más con ansia que con modal.
  

 
 El monasterio es un pequeño pueblo de piedra donde habitan unos 100 monjes y una docena de vacas y con un centro sagrado, una antigua iglesia de estilo aksumita de unos 4 metros cuadrados con algunas reliquias, sencilla de decorado y arquitectura. Si le hubieramos puesto un buda sentadito en un altar, hubiera sido fácil imaginarse en un lugar perdido del Nepal. En el lugar se dominan las vistas a unos cuantos quilómetros de distancia, entre tierra etiope y tierras de la vecina Eritrea. Desde luego, si el enemigo venia desde algún punto, era fácil detectarlo y defenderse. Me imagino que es lo que tenia ser cristiano rodeado de tanto mahometano, había que buscar un lugar tranquilo y seguro.
Nuestra siguiente parada es en Sinkata, para ir a visitar alguna de las remotas iglesias de roca del Tigray. Como ya estamos más que artos de como funciona el transporte, decidimos no ir a ver las más alejadas de la ruta principal. Seguramente no son las más espectaculares en cuanto ubicación, como otras que sabemos que están colgadas en auténticos acantilados para protegerse posiblemente de los ataques musulmanes, pero valen la pena. Tampoco está el presupuesto para visitarlas todas, porque ante la masificación en los últimos años de turismo y la mejora de las carreteras, cada una de ellas ha modificado el precio y más que recintos religiosos son pequeños museos ortodoxos con entradas abusivas, al menos para los farenjis. Siendo un apasionado de las reliquias y el arte religioso y con un buen presupuesto, puede ser un auténtico pasaiso. En la zona hay mas de 120 de ellas, algunas de difícil acceso.
Después de tanto días buscando iglesias y peleando con los religiosos por los precios, hicimos la siguiente parada en Korem, que disfruta de tierras fértiles en los alrededores de un bonito lago. Desgraciadamente para nosotros la volvimos a tenerla con los niños y las malditas piedras. Pero quien les habrá enseñado? Nos habían explicado de que era un  problema en Etiopia, pero  no lo habiamos creido. Después de varias semanas en el país, y habiendo encontrando a más de un cicloturista artísimo de tanta piedra, vemos que es un problema que se les va de las manos, nunca mejor bien dicho. Aqui en Etiopia siempre que un adulto tiene un problema con uno más pequeño, directamente coge una piedra del suelo, al igual que con las vacas y las cabras. Pero no entendemos porque la cogen así con los turistas. Igual te pasas 20 minutos con ellos bromeando, riendo, y jugando  y a la que te has girado y caminado unos metros, empiezan con las piedras. Es un poco decepcionante.
 
 Decidimos coger una ruta menos común por el interior del país, por la carretera de Sekota para llegar a Lalibela. El paisaje vuelve a envolvernos entre montañas secas y vegetación pálida. Entre las montañas se veian casas por todas partes y en las cercanias  no se veia rastro aparente de agua. Es un enigma ver como la gente sobrevive durante las epocas secas, y como se las apañan para conseguir el agua caminando largas distancias cada día.

En Sekota conocimos a un curioso personaje, Yves. Francés de 65 años estuvo en este remoto pueblo durante las famosas sequias en los años 80 trabajando para Medecins sans frontieres, y ha vuelto  a intentar encontrar a algunas de las personas que trabajaron con él. Vino en un helicoptero, pasó seis meses de su vida en este pueblacho, y se volvió a ir en helicoptero. Vuelve 25 años más tarde para cerrar una etapa de su vida. Esperemos que tenga suerte en su busqueda. 
 Salir de Sekota tampoco fue fácil. Con un poco de suerte y mucha paciencia conseguimos  encaminarnos hacia Lalibela montados en la caja de un camión, para encontrarnos de nuevo con Marco. 
 
Lalibela era un nombre que llevaba grabado en nuestro oidos desde que entramos en el país, pero fue mejor de lo que esperabamos. Un conjunto de 11 iglesias escarvadas en la roca con una bonita leyenda que las acompaña. Se dice que el rey Lalibela fue envenenado por uno de sus hermanos, y cuando estaba ya en en el cielo se le permitió volver a la tierra a condición de construir una segunda Jerusalem. (es una de las versiones). Las iglesias se dice se construyeron en un periodo de 24 años, por supuesto con la ayuda de los ángeles.  Por el día trabajaban los hombres y cuando volvian al día siguiente alguien (angelitos) había trabajado el doble por la noche.  Sea como sea son una verdadera belleza, la Petra de África. He encontrado gente que ha salido decepcionada intentando compararlas con la arquitectura europea de la época. Desde luego no es una cosa a comparar sino a disfrutar e imaginar como se contruyeron en la belleza de sus formas, como una roca gigantesca se convirtió en una iglesia de piedra de cabo a rabo. A parte de las iglesias se pueden visitar algunos monasterios a los alrededores que deleitan con las vistas y aunque no tan perfectas como las iglesias de Lalibela son una visita muy agradable.
  
Aquí nos separamos de Mártin, que tenia que ir a Addis a recoger un paquete con unas piezas para la moto, y Sofía y yo nos metimos en un camión de vuelta a Gondar, en busca de la J5. Al llegar, como no, una rueda está pinchada,.. pero no hay nada como volver al hogar!
Marco llega al día siguiente, y acampa en el jardín de nuestro hotel. Más vale dormir en la tienda que la habitación. Las habitaciones están llenitas de vida. Nosotros intentamos dormir una noche y acabamos con el cuerpo comido de picadas de todo tipo, y no hablo de mosquitos precisamente. Si en las Siemens había fauna, quizás haya más dentro de este hotel!
A Marco le roban mientras cenamos. Le han  abierto la tienda y se llevan la camara de fotos , la mochila y casi toda la documentación. Al día siguiente aparece el pasaporte y las llaves de la moto. Algo es algo, y por lo menos no tendrá que volver a tramitar ni un nuevo pasaporte ni la fastidiosa  visa de Sudán. Decide quedarse unos días dando vueltas por algun mercado negro de la zona a ver si puede recomprar su camara. Ese mismo dia llega Martin de Addis.
Tenemos ganas de irnos de Etiopia. No ha sido fácil viajar y más de una vez sentimos que no somos bienvenidos. Se pasan el día intentando engañarnos con los precios, y más de una vez no nos aceptan en los alojamientos. En muchos paises hay que negociar cuando eres blanco,  ya tenemos asumidos ese papel, pero Etiopía es diferente. No tienen esa sangre de negocios. O pagas lo que te dicen o te vas, no hay nada más que hablar. Catalogan a los turistas en el mismo rango y prefieren perder clientes que a que pagues como un local. Es una actitud extraña que recuerda al trato de los turistas en Cuba, quizas esté todavia en la memoria de sus gentes la huella del gobierno comunista de Mengistu.
Etiopia me parece el pueblo desafiante, desde los niños hasta los adultos. Te desafio porque eres blanco, no te tengo miedo blanco. Por un lado lo entiendo, pero des del otro lado me agotan,.. y no hay nada que cambiar, solo que entran ganas de irse. He visto gente disfrutando de Etiopía y otra odiándola. Es un pais precioso con una cultura superinteresante. A nosotros nos ha cogido desprevenidos el carácter de sus gentes.
Nos fuimos así para la frontera todo decididos a cruzar hacia Sudan lo más pronto posible, pero como siempre las cosas ocurren en contra de los deseos más urgentes. En la sección de Customs de la frontera etiope, para acabar de rematar, no nos han dejado salir del país porque no se creian que habiamos encontrado Customs cerrado en la frontera de Moyale durante las fiestas de la Epifania. Tuvimos que inventarnos también que nos habian robado el Carne de passage a ver si así había alguna posibilidad de continuar y que la denuncia la tenia nuestro amigo en Gondar. Como la cosa no se aceleraba y los papeles de la comisaria de Gondar parecian no acelerarse tampoco, y después de 4 dias parados en Metema , nos proponemos hacer de urgencia el Carnet, que ya teniamos en mente de hacer en Khartum, porque finalmente hemos decidimos probar de llegar a Egipto, donde ahí si que es imposible pasar sin el puñetero documento. Nos hemos venido para Gondar a esperar  y hemos dejado la furgo en la Oficina de Customs de Metema.
Y así, y gracias a la ayudad de Jose y David desde España, el documento ya ha llegado a Góndar, hace media hora excata!  aunque ya sabiendo como nos están yendo las cosas por Etiopia aun no cantamos victoria, hasta que no esté todo sellado y la furgo esté circulando por las carreteras sudanesas.

  Y aqui dejamos el Fragonafrica, quizas el mas arqueologico e historico de todos desde que empezamos nuestra aventura africana.
  Os mandamos muchos besos y abrazos incondicionalmente, esperemos ahora si que sea la ultima vez desde Etiopia, y la proxima sea ya desde las piramides sudanesas o egipcias!

Os queremos mucho a todos. Un abrazo infinito,. y mil gracias de nuevo al Jose y al David por el curro de hacer lo del Carne de Passage!!!!
MAMa!!!! recuperate pronto!!!!!!!!!!

jordi




"en mi mundo .. en mi camino"