dimecres, 1 de febrer de 2012

De las pistas remotas de Kenia a los castillos etiopes de Gondar, enero 2012



Solo puedo decir que conseguimos llegar a Etiopia, después de la cantidad de trompezones que hacen del camino a veces duro y obligando a hartarse de paciencia. Todo en nuestros últimos días en Nairobi parecía complicarse, como si nada quisiera salir bien, como si hubiera un complot en contra nuestro. Ya sabemos que África y su burocracia no es sencilla, pero en estas fechas era todo como un juego de pruebas, las visas, el pasaporte que no llegaba de Francia y la furgoneta.
Después de dos meses en Kenia esperábamos con ilusión la llegada de Aurelian con nuetros pasaportes y las correspondientes visas etiopes, para poder aplicar para la visa de Sudán y salir el lunes con Marco y Martin hacia Moyale. Pero imaginaros con que caras nos quedamos después de recibir su llamada desde Nairobi diciendo que no tenia los pasaportes, que aun estaban en París y que por lo menos tardarian 10 días más! Pero si se los llevó hace más de 20 días. Suceden las cosas sin que te las quieras creer, mientras por dentro quieres matar a alguien. Suerte que aun somos capaces de controlar el subconsciente y la inteligencia muestra salidas de emergencia. Lo que llamamos el plan B.

Manos a la obra, llamamos directamente a la embajada etiope de París que nos dijeron que habian recibido mucho más tarde los pasaportes de lo previsto, (el subconsciente vuelve a dominar), y aun estaban en la embajada. Nos confirmaron que las visas estaban aceptadas, por lo que contratamos un servicio de DHL para que fuera a buscar los pasaportes directamente y recibirlos en tres dias en Nairobi. Si quieres las cosas bien hechas,... hazlas tú mismo.

Con este contratiempo, los dos chicos alemanes partieron hacia Etiopia en sus motos. Lástima porque para todos era importante, queriamos hacer este pequeño comboi por dos razones principalmente, la primera porque es una zona muy poco segura por el ataque de bandidos y la segunda porque si surgia algún problema mecánico en el medio de la pista podria ser bueno ir en grupo. Siempre hay buenas razones para hacer un grupo de viaje, pero muy pocas para esperarse los unos a los otros en caso de contratiempos. El tiempo es oro viajando.

En Nairobi tuvimos mucha suerte encontrando a Charan, el mecánico que nos ayudó a poner la furgo a punto para el viaje al mismo tiempo que nos explicaba las tradiciones de su cultura y religión Sij. Volvimos a retocar un poco la trasmisión, la dirección y la suspensión trasera. Como en cualquier mecánico del mundo entras para que te revise una cosa y sales con cinco cosas más cambiadas y con la factura elevada al diez. La verdad es que ha hecho un buen trabajo y nos hizo un muy buen precio por ser amigo (de un amigo) del couchsurfer en el que estamos estos días. Así que mientras un ojo llora al soltar los billetes el otro mira pa la furgo y piensa que de vez en cuando hay que mimarla y darle un poco de cuidado. Por cierto, gracias a Rhesef por su hospitalidad y ayuda en nuestra larga estancia en la capital.

En esos días, y tirando cohetes por la llegada de los pasaportes, nos fuimos directos a la embajada de Sudán a aplicar para la visa. Lo queremos hacer aquí porque corren los rumores de que hacerlo en Etiopia puede ser una odisea, mientras que aquí suele ser cuestión de solo unas horas. Aunque ya y puestos a que las cosas no vayan tan rápidas como deberian, el consul no se encuentra en la capital, y deberemos esperar unos días para conseguir la visa. Yo ya no se si lo que estoy generando se llama paciencia o resignación, pero sea lo que sea, espero que no se me acabe pronto.

Y llega el día de partir, pasaporte, visas y la furgo sobre sus cuatro ruedas de nuevo. Empiezo a pensar que más que haber logrado una cosa tan sencilla es un milagro. El milagro dura poco porque a pocos kilometros de salir de Nairobi, pinchamos!

Hacemos una parada en Nanyuki, y vamos a visitar a la comunidad de italianos que viven y trabajan en un orfanato. Les habíamos conocido la primera vez que estuvimos en el pueblo, cuando fuimos a escalar el monte Kenya, y ahora de regreso nos piden que hagamos una pequeña charla sobre el viaje abierta a preguntas. La verdad que ha sido divertido estar delante de una cuadrilla de mocosos de todos los tamaños hablando del África y de alguna de nuestras anécdotas. Creo que la que mas les gustó fue la de los pigmeos en el Gabón, sobretodo en el momento que me puse a imitarlos!

Subimos en la furgo y conducimos hacía Isiolo. Aquí preguntamos como está la situación en la zona, porque últimamente ha habido tiroteos entre tribus, tanto en Isiolo como en Moyale, además de que un grupo de turistas fue atacado en un parque nacional en el area de Marsabit. Nos dicen que está tranquilo, que hace años que no son necesarios los combois ya que se ha apaciaguado mucho el tema. Si ellos lo dicen, nosotros nos lo creemos, y seguimos unos kilómetros rodeados de un paisaje hermoso con montañas rocosas que aparecen en el horizonte con siluetas que rompen la monotonia con sus formas cambiantes a medida que uno se acerca.

Después de una hora de carretera recién asfaltada empieza la famosa y temida pista de Moyale. Nos han dicho que mientras esté seca no hay problema para hacerla con la furgo, y por supuesto sin ir a más de 20. Sinceramente, pensaba que iba a estar mucho peor. Es un carretera bastante plana que no permite velocidad, se parte en tramos de auténtica tortura de esa corrugosidad ondulada que te hace vibrar todo el cuerpo y otras partes llenas de piedras en que uno piensa como las ruedas no han explotado ya cien veces. En algunos tramos se puede salir de las piedras por pequeñas carreteras paralelas llenas de arena poco profunda y otras con medio metro de polvo pero que se difrutan dando pie a un poco de descanso de tanto masaje africano y un poco de tregua a la furgo, donde uno siente que flota después de tanto meneo.

Hacemos noche en Marsabit, en el Jey Jey, donde nos dejan acampar con la furgo. Aquí llevamos un poco más de la mitad de la pista, algo más de 200 km, y podemos repostar gasoleo. Salimos tempranito por la mañana, con menos piedras, y tramos que está aplanando las máquinas. Los chinos están en otra de sus inumerables obras africanas, dentro de unos años esta mítica carretera entre overlanders y viajeros pasará ya a la historia y estará asfaltada de cabo a rabo, quizás hasta que los años africanos y la falta de manteniemiento hagan del asfalto una carretera peor que la que hoy en día hay, como ha pasado en otras partes del país, especialmente en la carretera del Turkana que lleva a Lodwar, donde no queda ni rastro de alquitrán.

Vamos encontrando aldeas de mañatas en lugares que ni el mismo diablo viviria, y pastores samburus que pastean su ganado armados hasta los dientes con sus kalasnikov y escopetas. Nos enteramos que suelen ir armados tanto para defender sus vacas como para robar las de los vecinos y que tenemos suerte de que haya sido año de lluvia y estén entretenidos con llevar arriba y abajo el ganado, porque esos mismos que pasan saludando a nuestro paso o pidiendo unas monedas por hábito, son los mismos y famosos bandidos de caminos que uno teme encontrar en estos remotos parajes. Aunque parezcan inofensivos, uno no deja de preguntarse, aun y sabiendo la respuesta, porque la mayoria de camiones y otros vehículos privados a motor que transitan esporádicamete la pista, van acompañados de soldados armados. En época seca y con hambre se vuelven gente de pocos amigos y más valen evitar.


En estos rincones hay muy poco transporte público y vamos recogiendo pasajeros de lo más curisoso y que se apean en medio de la nada con un motivo que solo ellos pueden encontrar . De vez en cuando cruzamos camiones cargados de pasajeros hasta los topes que circulan a una velocidad de locos levantando montañas de polvo.

En esta parte hay tramos en los que se puede ir un poco más rápido, menos piedras, menos rugosidad y vamos avanzando muy bien hacia el pueblo fronterizo de Moyale. En un momento Sofia dice,.. Huele como a quemado? y acto seguido se enciende la luz del aceite.. y ya me digo,. mierda, el carter! Arrimo la furgo a un lado, paro el motor enseguida, nos bajamos y al agachar la cabeza ya vemos un charco enorme de aceite bajo el cárter, y al mirar atrás, una estela negra que se aleja por donde venimos. En ese momento yo ya me veo haciendo la mochila. Aun recuerdo cuando en Tarragona me quedé sin aceite en mi querido Ford Escort y como se fue directo al chatarrero con la grua.

Desmonto el cárter después de momentos de duda, y Sofia se va con un camión hacia un lugar desconocido donde se pueda soldar con aleación de aluminio. Me quedo un día en medio de la nada, solo acompañado del polvo de algún vehículo solitario que pasa, pequeños ciervecillos diks diks que asoman timidamente por la pista, y algunos zorros que se pasean curioseando. Al día siguiente consigo que un coche por pena me arraste hasta la población más cercana, donde hay un puesto de policia donde me podré quedar a salvo de los posibles bandidos mientras espero a que Sofia vuelva de donde haya ido, que por ahora no tengo ni idea de donde es, sobretodo porque no hay cobertura donde recibir llamadas. Un día después consigo llegar a otro poblado, a unos 20 kilómetros, donde tienen una esquinita en una pequeña duka en la que hay unas rallitas de cobertura, pero no tengo ningún mensaje en el móvil. A la mañana siguiente vuelvo a conseguir un coche que me lleva al mismo lugar, con la esperanza de recibir alguna noticia de ella, ya que hace 3 días que nos separamos y aun no se nada y empiezo a preocuparme. Esa misma mañana, con una iluzión enorme recibo una llamada suya diciendo que ya esta en Marsabit con al pieza y 6 litros de aceite, y que en unas 4 horas llegará a la furgo. Comparto mi alegria con los pocos parroquianos que des del día anterior esperan la llamada tanto como yo, pues la preocupación estaba creciendo en exceso. Sofía ha tenido que volver hasta Nanyuki para encontrar un soldador, y eso contando con el poco transporte que hay en la zona es todo un mérito! Vaya paliza.



En el reencuentro nos contamos lo que hemos pasado cada uno por su lado en esta peripecia africana, la pieza está soldada y me pongo a montar el cárter con miedo de que el motor se haya dañado después de quedarse seco de aceite. Pero al arrancar todo parece en su sitio y el motor no suena de manera alguna diferente al viejo ronroneo de nuestra J5, aunque gotea un poco de aceite por un poro. Los militares que están en el puesto nos preparan una riquísima comida para celebrarlo y nos entretienen con unas cuantas historias de lo que pasa por los alrededores, las disputas por el ganado y el pasto entre las diferentes tribus, las requisas y mercado libre de armas procedente de Etiopia y se te queda grabada la cara de algunos de ellos cuando explicaban que estan destinados a este remoto lugar del África durante tres años.

Más cautos que nunca, salimos de nuevo dirección a Moyale, y en menos de lo que pensamos ya estamos en la fea frontera. Al llegar al pueblo de nuevo retomamos el asfalto y nos sentimos volando después de los 400 kilómetros de pista, sin contar los de más que Sofia se ha pegado arriba y abajo.

La frontera de salida la pasamos sin contratiempos, saltandonos como si nada la oficina de Customs porque ya llevabamos más de un mes con los papeles del coche caducados. Y así con las buenas aventurillas de la úlitma semana cruzamos hacia territorio Etiope. El registro de los pasaportes y de las visas no supone ningún problema. Teniendo como teniamos el miedo en el cuerpo de pasar a Etiopia sin el Carne de passage, nos encontramos la oficina de customs cerrada durante tres días por la festividad de la Epifania. Nos proponen pagar un extra para hacer venir al responsable, y como que no lo vemos claro porque no tenemos el Carne, ni queremos esperar, decidimos entrar en el país sin legalizar el permiso de transito del coche, y ya veremos lo que pasa en la salida del pais en la frontera con Sudán.
Hemos cruzado Etiopia, una diferencia tan grande con la Kenia que dejamos atrás que impacta a los ojos. Multitudes en la carretera, vacas y burros, rostros distintos, las vestimentas, el paisaje, y casi sin coches. Después de un par de horas estamos subiendo unas cuestas y la furgo se sobrecalienta porque los ventiladores han dejado de funcionar. Por lo que pasamos una noche extrañamente especial con los guardias de una escuela en Mega, y es donde vemos los problemas de comunicación que vamos a tener en este país donde el idioma oficial es el Amhárico y apenas se habla inglés.

En dos días nos plantamos en Addis Ababa. Una ciudad que disimula perfectamente tener 3 millones de personas, aunque no puedan disimular el caos etiope. El tráfico no es comparable con los atascos de Nairobi o Dar, es mucho más tranquilo, practicable y seguro. En Etiopia se respira tranquilidad. Los etiopes son amantes del café y las pequeñas mesas con sus taburetes salen a las calles con sus gentes en cualquier parte de la ciudad, los bares de cervezas y las panaderias sacan sus aromas por toda la ciudad. Así da gusto estar en una gran ciudad. Nos hemos quedado haciendo algunas visitas culturales, un poco de vida social urbana y descansando. Aquí volvemos a encontrarnos con Martin y Marco con los que quedamos en ir siguiendonos el rastro camino al norte del país.

En la parte norte del país paramos en Bahir Dar, ubicada en las orillas de lado más grande de Etiopia, el lago Tana, y cuna del Nilo Azul, que sale lento y timido hacia Sudán, donde se encontrará con su gemelo Nilo Blanco para recorrer su camino a la par hacia el Mediterraneo. Aquí la cabeza se ha relajado un rato entre españoles, cervezas y tapas de habas.

No muy lejos está Gondar, conocida como la Camelot africana, con sus castillos de estilo medieval dándole ese toque europeo que lleva todos lo lugares donde asoman torreones en ruinas. La verdad es que no conociamos esta parte histórica de Etiopia, pero es un país riquísimo en cultura y arqueologia. Aquí vamos a dejar la furgo aparcada y nos vamos a embarcar en un viaje de dos semanas por el norte más remoto, queremos perdernos unos dias por las Simiens Mountains e ir a descubrir las iglesias perdidas en la region del Tigray. A ver que sale, porque como hasta ahora y bien demostrado que está en Africa, hacer planes sirve para tener una idea de lo que se puede hacer, más de lo que en realidad vayas a hacer.

Y aquí estamos, como siempre temblando por la furgo, y la furgo temblando con nosotros, por los caminos de este continente que no deja de sorprendernso con sus gentes, culturas y paisajes. Ya es seguiremos contando que es lo que vemos por estos parajes etiopes y como logramos cruzar nuevas fronteras.

Os queremos mucho y os echamos de menos en cada curva del camino, donde nos gustaria que estuvierais aquí llenos de aceite y grasa, como es debido, y disfrutando de las sorpresas del viaje. Menos mal que las soluciones se inventaron para cada problema. Mil abrazos llenos de amor para todos, .. de verdad que se os echa de menos, pero creo que ya lo sabeis.


jordi

"en mi mundo .. en mi camino"