Hola a todos desde las tierras etíopes!!
...y así es como hemos decidimos tomar unas
vacaciones de la fragon.
La dejamos aparcadita en el Terara Hotel de
Góndar y emprendimos nuestra aventura alternativa hacia las tierras norteñas
etiopes, el Tigray. Se trataba de dejar atrás por unos días los problemas
mecánicos. Durante las semanas futuras
no habría más pinchazos, o al menos no ruedas que yo tuviera que cambiar, ni
problemas mecánicos en los tener que romperse los cuernos.
Esta parte del viaje la hacemos con Martín,
que como que tiene algunos problemas también con la moto no quiere arriesgarse,
y se viene con nosotros a buscarse la vida. Marco, el otro alemán, en cambio
hará la misma ruta pero con su moto y ya veremos en que lugares del camino nos
iremos encontrando.




Vimos un lobo y varias cabras autóctonas,
además de disfrutar durante horas del vuelo de diferentes especies de pájaros.
Si al principio estábamos decepcionados por no encontrar picos y montañas que
escalar, al final estabamos anodadados por la belleza y el equilibrio entre la
fauna y el paisaje. Subiendo uno de los puntos más altos de Cheneek vimos como
un zorro intentaba cazar un mono gelada, y en un momento en que estábamos
sentados disfrutando del paisaje, un águila enorme se posó en nuestro árbol
vecino a no más de dos metros de distancia.
Al bajar de las Simiens intentamos conseguir
un transporte al norte, y empezamos a oler de cerca lo difícil de viajar en
transporte público. A fuerza de logística y propinas, al siguiente día
conseguimos subir a un destartalado autobús. Al salir de Debark rápidamente
descendimos hacia las tierras bajas de las Simiens y mientras medio autobús rezaba para que no
fallaran los frenos, el otro medio utilizaba sus teléfonos móviles para hacer
fotos de tan espectacular paisaje. Después de nueve horas de polvo y sacudidas
llegabamos a Shira, donde nos metieron en un pequeño minubus hacia Aksum, encontrándonos con Marco de nuevo.
La leyenda local dice que Aksum fue la
capital de la Reina de Saba en el s.
X a.C. Los arqueólogos aseguran que la
civilización no llegó a estas tierras
hasta hasta el s. IV a.C.. Lo que si es cierto es que quinientos años más
tarde Aksum y el imperio aksumita era conocido en Grecia, y durante mil años fue un punto
estratégico de comercio entre Asia y África.
En Aksum, en la iglesia de Sta María de Zión,
para quien lo crea, se encuentra el Arca de la Alianza. Sí, la misma, el
arca donde las tablas con los diez
Mandamientos son guardados desde que Dios se los entregó a Moises en el Monte
Sinaí. Para los que os interese, según la historia etíopie, el Arca fue robada
al Rey Salomón por su propio hijo
Menelik (y cuya madre era Saba) y traida a Etiopia, considerándose desde
entonces el pueblo elegido y guardián de tan ambicioso secreto. El arca ha
estado escondiéndose durante miles de años, y cambiado contínuamente de lugar
durante las diferentes guerras. Nadie puede ver el arca, y hay incluso un
guardián que se pasa su vida entera vigilándola. Se dice que quien intenta
verla arde en fuego.

Nosotros pudimos verla a una distancia
prudente, y sin arder en llamas, en uno de los siete primeros días que cada mes
etiope, una procesión saca a pasear el Arca, a las 5 de la mañana. La ceremonia
dura un par de horas entre la procesión
y la misa. La escena se rodea de cientos de creyentes ortodoxos con mantos
blancos y velas que ponen la piel de gallina con sus oraciones y cantos con
ecos. Y por un momento yo digo, imaginaros que el arca estuviera ahí, imaginaros que lo creyerais de
verdad!!! Observar esa procesión mirando al arca con los mismos ojos con los
que lo miran los seguidores eriza los pelos.
Después de un par de días en Aksum buscando mausoleos
de viejos reyes aksumitas, rocas con
inscripciones antiguas y un supuesto castillo donde se dice que vivió la Reina
de Saba, salimos hacia Adigrat en busca de uno de los monasterios ortodoxos más
antiguos de Etiopia, el Debre Damo.
Después de pequeñas peripecias llegamos al
monasterio. Entre las peripecias estaba el conseguir un transporte que nos
acercara los diez quilómetros de pista que llevan al monasterio, (cosa que
conseguimos enganchando al único turista con medio a motor que se movia ese día
por la ruta) y la otra evitar las
piedras que caian del cielo saliendo disparadas de la mano de algún niño al que
le han educado a odiar a los farenjis (cosas o bien de su rencor hacia
italianos durante la invasión de Musolini, o bien por el orgullo de no haber
sido colonizados en toda sus historia por los blancos. Aun estoy deduciendo la
teoria).
El monasterio se encuentra en la cima de una
meseta rocosa a unos 15 km de la frontera con Eritrea. Al ir acercándonos
sorteamos pequeños campos militares con lanzamisiles y controles en la
carretera. Nos comentan que hace poco días
hubo disparos en esta frontera. Por lo que se escucha las cosas entre
los dos gobiernos no están en su mejor momento. Definitivamente, un lugar un
tanto extraño para visitar un monasterio.
Sofia no puede entrar en el monasterio porque
solo esta permitida la entrada a los hombres. Unos 20 metros con una vieja
cuerda hecha de cuero de cabra es lo que separan el suelo firme y la entrada de
la estancia de los monjes. Tambien nos separan 100 birrs, unos 5 euros, que no
tardan mucho en reclamar y como de costumbre en este pais más con ansia que con
modal.




Nuestra siguiente parada es en Sinkata, para
ir a visitar alguna de las remotas iglesias de roca del Tigray. Como ya estamos
más que artos de como funciona el transporte, decidimos no ir a ver las más
alejadas de la ruta principal. Seguramente no son las más espectaculares en
cuanto ubicación, como otras que sabemos que están colgadas en auténticos
acantilados para protegerse posiblemente de los ataques musulmanes, pero valen
la pena. Tampoco está el presupuesto para visitarlas todas, porque ante la
masificación en los últimos años de turismo y la mejora de las carreteras, cada
una de ellas ha modificado el precio y más que recintos religiosos son pequeños
museos ortodoxos con entradas abusivas, al menos para los farenjis. Siendo un
apasionado de las reliquias y el arte religioso y con un buen presupuesto,
puede ser un auténtico pasaiso. En la zona hay mas de 120 de ellas, algunas de
difícil acceso.
Después de tanto días buscando iglesias y
peleando con los religiosos por los precios, hicimos la siguiente parada en
Korem, que disfruta de tierras fértiles en los alrededores de un bonito lago.
Desgraciadamente para nosotros la volvimos a tenerla con los niños y las
malditas piedras. Pero quien les habrá enseñado? Nos habían explicado de que
era un problema en Etiopia, pero no lo habiamos creido. Después de varias
semanas en el país, y habiendo encontrando a más de un cicloturista artísimo de
tanta piedra, vemos que es un problema que se les va de las manos, nunca mejor
bien dicho. Aqui en Etiopia siempre que un adulto tiene un problema con uno más
pequeño, directamente coge una piedra del suelo, al igual que con las vacas y
las cabras. Pero no entendemos porque la cogen así con los turistas. Igual te
pasas 20 minutos con ellos bromeando, riendo, y jugando y a la que te has girado y caminado unos
metros, empiezan con las piedras. Es un poco decepcionante.
Decidimos coger una ruta menos común por el
interior del país, por la carretera de Sekota para llegar a Lalibela. El
paisaje vuelve a envolvernos entre montañas secas y vegetación pálida. Entre
las montañas se veian casas por todas partes y en las cercanias no se veia rastro aparente de agua. Es un
enigma ver como la gente sobrevive durante las epocas secas, y como se las
apañan para conseguir el agua caminando largas distancias cada día.

En Sekota conocimos a un curioso personaje,
Yves. Francés de 65 años estuvo en este remoto pueblo durante las famosas
sequias en los años 80 trabajando para Medecins sans frontieres, y ha
vuelto a intentar encontrar a algunas de
las personas que trabajaron con él. Vino en un helicoptero, pasó seis meses de
su vida en este pueblacho, y se volvió a ir en helicoptero. Vuelve 25 años más
tarde para cerrar una etapa de su vida. Esperemos que tenga suerte en su
busqueda.
Salir de Sekota tampoco fue fácil. Con un poco
de suerte y mucha paciencia conseguimos
encaminarnos hacia Lalibela montados en la caja de un camión, para
encontrarnos de nuevo con Marco.
Lalibela era un nombre que llevaba grabado en
nuestro oidos desde que entramos en el país, pero fue mejor de lo que
esperabamos. Un conjunto de 11 iglesias escarvadas en la roca con una bonita
leyenda que las acompaña. Se dice que el rey Lalibela fue envenenado por uno de
sus hermanos, y cuando estaba ya en en el cielo se le permitió volver a la
tierra a condición de construir una segunda Jerusalem. (es una de las
versiones). Las iglesias se dice se construyeron en un periodo de 24 años, por
supuesto con la ayuda de los ángeles.
Por el día trabajaban los hombres y cuando volvian al día siguiente
alguien (angelitos) había trabajado el doble por la noche. Sea como sea son una verdadera belleza, la
Petra de África. He encontrado gente que ha salido decepcionada intentando
compararlas con la arquitectura europea de la época. Desde luego no es una cosa
a comparar sino a disfrutar e imaginar como se contruyeron en la belleza de sus
formas, como una roca gigantesca se convirtió en una iglesia de piedra de cabo
a rabo. A parte de las iglesias se pueden visitar algunos monasterios a los
alrededores que deleitan con las vistas y aunque no tan perfectas como las
iglesias de Lalibela son una visita muy agradable.
Aquí nos separamos de Mártin, que tenia que ir
a Addis a recoger un paquete con unas piezas para la moto, y Sofía y yo nos
metimos en un camión de vuelta a Gondar, en busca de la J5. Al llegar, como no,
una rueda está pinchada,.. pero no hay nada como volver al hogar!
Marco llega al día siguiente, y acampa en el
jardín de nuestro hotel. Más vale dormir en la tienda que la habitación. Las
habitaciones están llenitas de vida. Nosotros intentamos dormir una noche y
acabamos con el cuerpo comido de picadas de todo tipo, y no hablo de mosquitos
precisamente. Si en las Siemens había fauna, quizás haya más dentro de este
hotel!
A Marco le roban mientras cenamos. Le han abierto la tienda y se llevan la camara de
fotos , la mochila y casi toda la documentación. Al día siguiente aparece el
pasaporte y las llaves de la moto. Algo es algo, y por lo menos no tendrá que
volver a tramitar ni un nuevo pasaporte ni la fastidiosa visa de Sudán. Decide quedarse unos días
dando vueltas por algun mercado negro de la zona a ver si puede recomprar su
camara. Ese mismo dia llega Martin de Addis.
Tenemos ganas de irnos de Etiopia. No ha sido
fácil viajar y más de una vez sentimos que no somos bienvenidos. Se pasan el
día intentando engañarnos con los precios, y más de una vez no nos aceptan en
los alojamientos. En muchos paises hay que negociar cuando eres blanco, ya tenemos asumidos ese papel, pero Etiopía
es diferente. No tienen esa sangre de negocios. O pagas lo que te dicen o te
vas, no hay nada más que hablar. Catalogan a los turistas en el mismo rango y
prefieren perder clientes que a que pagues como un local. Es una actitud
extraña que recuerda al trato de los turistas en Cuba, quizas esté todavia en
la memoria de sus gentes la huella del gobierno comunista de Mengistu.
Etiopia me parece el
pueblo desafiante, desde los niños hasta los adultos. Te desafio porque eres
blanco, no te tengo miedo blanco. Por un lado lo entiendo, pero des del otro
lado me agotan,.. y no hay nada que cambiar, solo que entran ganas de irse. He
visto gente disfrutando de Etiopía y otra odiándola. Es un pais precioso con
una cultura superinteresante. A nosotros nos ha cogido desprevenidos el
carácter de sus gentes.
Nos fuimos así para la frontera todo decididos
a cruzar hacia Sudan lo más pronto posible, pero como siempre las cosas ocurren
en contra de los deseos más urgentes. En la sección de Customs de la frontera
etiope, para acabar de rematar, no nos han dejado salir del país porque no se
creian que habiamos encontrado Customs cerrado en la frontera de Moyale durante
las fiestas de la Epifania. Tuvimos que inventarnos también que nos habian
robado el Carne de passage a ver si así había alguna posibilidad de continuar y
que la denuncia la tenia nuestro amigo en Gondar. Como la cosa no se aceleraba
y los papeles de la comisaria de Gondar parecian no acelerarse tampoco, y
después de 4 dias parados en Metema , nos proponemos hacer de urgencia el
Carnet, que ya teniamos en mente de hacer en Khartum, porque finalmente hemos
decidimos probar de llegar a Egipto, donde ahí si que es imposible pasar sin el
puñetero documento. Nos hemos venido para Gondar a esperar y hemos dejado la furgo en la Oficina de
Customs de Metema.
Y así, y gracias a la ayudad de Jose y David
desde España, el documento ya ha llegado a Góndar, hace media hora excata! aunque ya sabiendo como nos
están yendo las cosas por Etiopia aun no cantamos victoria, hasta que no esté
todo sellado y la furgo esté circulando por las carreteras sudanesas.

Y aqui dejamos el Fragonafrica, quizas el mas arqueologico e historico de todos desde que empezamos nuestra aventura africana.
Os mandamos muchos besos y abrazos incondicionalmente, esperemos ahora si que sea la ultima vez desde Etiopia, y la proxima sea ya desde las piramides sudanesas o egipcias!
Os queremos mucho a todos. Un abrazo infinito,. y mil gracias de nuevo al Jose y al David por el curro de hacer lo del Carne de Passage!!!!
MAMa!!!! recuperate pronto!!!!!!!!!!
jordi